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Jonatan Calafat
Buenos Aires - Argentina
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Cuatro años pueden ser una eternidad
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Este es un espacio para divagar en las ocurrencias literarias que facilitan mi vida, nada mas pretencioso que cobijarse en un par de letras para intentar vivir un poco mejor.


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Cuatro años pueden ser una eternidad



Te querré cuando la joven sombra de tu juventud haya desaparecido
Cuando en los umbrales y en las postrimerías de tu fineza estuvieres ardiendo.
Que será de mi, solo, ineludible, apesumbrado por tener la grata noticia que he venido a morirme.
Repasare los momentos mas soberanos, mis independencias, repasare el amor que te di y tendré como resultado que tu me has amado mas de la cuenta.
En los tiempos en que la sombra de mi juventud tenia algo que reflejar, el sol, la luna, todo el mar atiborrado de peces, las frases, las postergaciones, todo me pertenecía de alguna manera.
Pero estoy aquí, cuan importante es decir, estoy aquí, pues eso también se acaba.
Se acaba como la primavera como el reverdecer de las plantas que se alojan detrás de tu pared, que serpentean gotas de tu tarde, que oyen y silban, decoloran el grato elixir de tu existencia.
Como las rosas, como las hojas que tú arrancas, y solo tú te atreves acaso a quitarle algo a la primavera, y no solo a una estación.
Te atreves también con el otoño, los arboles, te atreves con tus plantas, y no quitas cosas a la primavera, le das algo al otoño.
Tu te preguntas que es, tu haces cosas sin saber, pero yo sentado en un banco de plaza olvidado soy un viejo, también olvidado como el banco, que te mira y solo yo, puedo ver la inconsistencia de tu inconciencia con el otoño, de tus miradas que zigzaguean, que acompañan el fenecer de las hojas, de los arboles, de las plantas.
Pero ellas detentan el privilegio que los hombres no tenemos, ese privilegio que a mis tantos años, sobre todo en estos instantes, desearía tener.
Ellas mueren mientras tus las completas, pero saben que volverán a nacer, con otro color, con otra textura, y no se atreven a pensar mas allá, solo esta su metamorfosis de colores, sus pasajes, sus brotes, sus nuevos brotes y creen firmemente que tu eres mucho mas allá que el mismísimo otoño, creen que tu tarea inconsciente, diurna y taciturna es parte de su vida, de nuevos verdores y de su muerte.
Y aquí estoy yo, olvidado en un banco de plaza leyendo quien sabe que.
Pero ahora luego de detenerme en mi lectura, me pregunto si tú me completas como las hojas al otoño, como las plantas, como los colores a la primavera.
Acaso sea una oportunidad única de pensarlo, o tal vez solo necesite sentirlo.
Reveo, pienso, y viajo en mis memorias y me pregunto que vida había antes de tu aparición.
Ninguna concluyo. Tan simple tan acabado como la mismísima conjetura de saber que no hay nada mas que esto que estamos teniendo.
Pero me atrevo, indigno por cierto a pensar que tú me has amado como dije más de la cuenta.
Y llego a esa conclusión, por innumerables consideraciones que el tiempo ha sabido enseñarme.
Por tu belleza, por las alternativas a tu belleza, por romper con mi forma de pensar en ella, por la ligereza en mis palabras acerca de ti, por tu amor, por esa deshonesta forma de tenerte, por no saber amar mas que tu, por esas formas que canalizan tus palabras, que se entrometen en mi silencio.
Por la sapiencia de tu inteligencia, que ha derrocado los eufemismos que versaron por tanto tiempo mis aledaños, las postrimerías de mis palabras, mi creciente mediocridad.
Por la humildad errante en tus discursos, sobre todo aquellos sin publico presente.
Sobre todo aquellos que estuvieron detrás de las noches en que intente amarte pero nunca, incluso hoy jamás complete.
No hay nada peor que envejecer creyendo que uno no ha sabido amar, pero al descontento de saber certeramente que nada ha aprendido, ni siquiera amar, habría que agregarle el serial paso del tiempo.
Tu me ves con arrugas, mucho mas que las tuyas, pero a mi fealdad no hacen ellas mas que causar la no por cierta idea de que este bien que deba partir, para limpiar a este mundo que gratamente ha cobijado muchas cosas bellas, te ha cobijado, que siendo sabio debe hacerse de ellas, y deshacerse de aquellas que resultan ingratas.
Cuanta verdad hay en mi partida.
Tu estas tan presente, tus eres el tiempo, el poco tiempo que me queda.
Mientras malgasto escribiendo esto, para perdurar solo lo que lleve leerte estas letras luego de mi partida, intento y abrazo la idea errónea de querer concretar hechos de índole poética, hechos de amor casi vergonzosos en las orillas de mi finitud.
Que descuidado he sido en haberte regalado en mis años, mis mejores años, y que injusta, ególatra, errante y soberbia es considerarlos como tales, quizás sea un alivio, una forma de alivio pensar que te di algo de lo mejor que tuve, pero nada se compara con tus brotes repentinos, nada como el agua que recorre la higuera que alivia la luz de tu forma indiscutible de vivir.
Tú me ves y tal vez vengan a ti demasiados cuestionamientos, ellos que brillaron por su ausencia en mi juventud.
Con añoranza te preguntas si soy yo quien esta detrás de este viejo olvidado que ves en un banco de plaza, quizás en algún lugar cercano al rio.
Y si no asiento es por vergüenza, por la sabia pero fatalmente decisión que tiene la naturaleza de otorgarme estos años que tanto deseo tener, pero también que tanto deseo olvidar o ningunear cuando de amarte se trate.
Te diré que ahora miro con nostalgia todo lo que me enfrenta desde la primera hora de la mañana hasta que se cierra la oscura noche, cada cosa se convierte en una despedida.
Te diré.
Escribo, te escribo para que sepas que he sido más que lo pretendido cuando estilaba correr por los pasillos de mi casa.
Cuando merendaba mientras mi mama no me miraba.
Escribo, te escribo para que sepas que el único acierto que he tenido, ha sido tu mayor error, tu que has elegido quedarte con este viejo olvidado, inundado de sinsabores, de cuentos que jamás terminan, de ensayos e instrucciones de como vivir sin manual.
Escribo, te escribo como dije, por ese afán obsecuente de mis pensamientos, mis últimos pensamientos que desangran con la realidad, para decirte que entre lo pretendí ser y aquello que he sido no solo existe la sombra de tu juventud, la belleza,las alternativas de tu belleza, la sapiencia, y la sabiduría de tu inteligencia indolente, sino algo mas, siempre algo mas.
Escribo, te escribo porque busco algo mas en las palabras, o intento confundirme para que no me invadan las gratas verdades que vulneran todo lo acontecido, todo lo que sido y lo poco que me queda por ser.


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